(Publicado por David Brazier el 22 de noviembre de 2016 en “Discusiones Budistas”)

TEXTO: Por medio de nuestras dificultades diarias en la vida preceptual, despertamos a la presencia de una miríada de obstáculos kármicos.

 

La vida preceptual se refiere al intento de vivir según los preceptos morales, y los obstáculos kármicos se refieren a las complicaciones y al enredo de la vida, por lo que incluso el mejor y más pleno intento de vivir una vida de moral perfecta se verá inevitablemente frustrado.

Los preceptos nos dicen que no matemos, que no tomemos aquello que no nos haya sido ofrecido libremente, que no contemos mentiras, que  no alentemos los enfrentamientos, que no contemos chismes o calumnias, que no nos involucremos en malas conductas sexuales, que no perdamos el control con la intoxicación, la adicción, los hábitos compulsivos, etc. Inherentemente todo esto es bueno. No hay alabanza suficiente. Sería maravilloso vivir semejante vida. Sin embargo, cuando nos metemos de lleno en el asunto de vivir, pronto nos vemos enredados en todo tipo de impulsos conflictivos, en los que resulta imposible mantener todos los preceptos a la vez. ¿Qué es lo bueno? Incluso si uno tuviese que hacer lo mejor, aun así se vería atrapado por tales dilemas, y una mayor sensibilidad moral podría, incluso, llegar a aumentar el número de problemas al intentar evitar situaciones de daño o perjuicio, complicando las cosas a su alrededor, y avergonzando a otros en el proceso

El significado del versículo se refiere a que es a través de la vida preceptual – a través de un intento sincero de vivir una vida tan moral como sea posible- como uno alcanza una consciencia mayor, e incluso plena, de la compleja naturaleza de la situación existencial en la  que un ser humano se encuentra y desempeña su vida. La sugerencia aquí es que, llegar a conocer esto, es una parte vital de la madurez existencial – es necesario. Es algo por lo que uno tiene motivos de estar agradecido

Hasta cierto punto podemos achacar esto al proceso natural del crecimiento. De manera general podemos decir que los jóvenes llegan a la vida adulta con una serie de ideas acerca de cuál es la mejor manera de vivir. En particular, quizá estén buscando vivir de un modo más ideal del que alcanzaron hacer sus padres, o mejor de lo que parece ser la tendencia actual de la sociedad en la que viven. Al hacerse mayores van acumulando experiencias y llegan a darse cuenta de que “no es tan simple como eso”. Ojalá lleguen a apreciar el hecho de que existen razones, razones por las que la gente actúa de maneras que traen consecuencias desafortunadas, razones por las que la gente acaba enredada en situaciones que les acaban oprimiendo. Esto se describe, con frecuencia, como una pérdida de la inocencia, y eso es lo que es, y dicha pérdida es lamentada. Sin embargo, aun existiendo un encanto especial en la inocencia del niño, un encanto que es cautivador a su manera, la vida pide otros encantos.

En efecto, algunas personas  pueden pasar gran parte de su vida representando esa parte del inocente encantador, pero generalmente, aunque esto les da la posibilidad de “salir impunes”, van dejando tras de sí un rastro de resultados que están  lejos de ser ideales. A veces la persona superficialmente “virtuosa” resulta menos madura que otra aparentemente más mundana. Los golpes duros enseñan sabiduría mundana, y la fe enseña sabiduría trascendental y el bodhisattva necesita de ambas.

Esto se parece mucho al tema de mi libro “Love and its Disappointment”. Uno siempre ama, tomando el amor en el sentido más amplio de su significado, pero esos amores le llevan a uno a sufrir complicaciones, contratiempos, decepción y duda. La pregunta vital que surge no es tanto ¿Puede uno amar?, si no ¿puede uno volver a amar?, ¿se puede trascender el obstáculo y vivir en la realidad? "Con el ideal viene lo real" y es lo real lo que ilumina, no el ideal. El ideal es una especie de engaño sutil, y es sutil, pero es engaño, y el camino espiritual debe llevarnos más allá. Eso no significa no tener ideales, o no perseguirlos,  significa aprender de la experiencia de intentar hacerlo así.

Es por esto que en Amida Shu intentamos guardar los preceptos a la vez que aceptamos el paradigma bombu. En un extremo está decir que, porque uno es bombu, es inútil incluso intentar guardar los preceptos. En el otro extremo está hacer, del cumplimiento de la perfección preceptual, el criterio de una vida espiritual. Lo último lo hace imposible y el primero significa que uno no aprende y crece. Ambos son igualmente sabotaje.

La vida está llena de ironía e injusticia. ¿Qué deberíamos hacer cuando dos amigos discuten?. Hay un número de opciones que implican líos y algún tipo de daño o crueldad. Uno podría ponerse del lado de uno y, por ende, contra el otro. O podría reservarse y mantenerse en una posición neutral, resultando así inútil para ambos. Podría tratar de mediar entre ellos y frustrar a ambas partes. No hay una solución sencilla. O, si el gato trae una criatura medio muerta que claramente no se va a recuperar. ¿Se lo quitamos al gato o no? ¿Nos preocupamos por él  o le sacrificamos para evitarle más sufrimiento? Podríamos tener opiniones (ideales) acerca de lo que es correcto en tal situación, pero tenemos que enfrentar los obstáculos del karma – el hecho de que, cualquier cosa que hagamos, tiene una pega.

Hay una historia budista famosa de dos monjes que llegan a un arroyo y se encuentran allí con una geisha que se pregunta cómo cruzar. Uno de los monjes la toma en brazos y la lleva al otro lado. Los dos monjes siguen su camino. Después de un rato, el segundo monje pregunta: “¿Cómo pudiste hacer eso, dado que, como monjes, no se nos permite tocar a las mujeres?” El primer monje replicó: “Oh, tú aún la llevas en brazos. Yo la dejé junto al arroyo”. Esta es una buena historia con una moral útil. Sin embargo, si uno va un poco más allá, puede considerar, por ejemplo, la postura del segundo monje y su dilema. Supón que hubiese llegado solo al arroyo. ¿Debería romper su precepto y llevar a la mujer? ¿Qué pasaría si, a mitad de camino, se le cayera y se ahogase? ¿Cómo viviría con eso después?. O, el primer monje, ¿realmente la había dejado allí? Las acciones dejan rastros. El principio parece simple pero la realidad humana puede ser mucho más compleja. Se puede vivir más o menos una vida de renuncia, pero, mientras eso reducirá el número de ocasiones de tales encuentros, no los eliminará. La geisha aun estará de pie junto al arroyo esperando.

Ser más conscientes de nuestros obstáculos kármicos cambia el tono de nuestra vida espiritual. Trae consternación y una sensación de amarga dulzura, pero es la liberación. No es trágico que la vida sea trágica. La madurez verdadera, como el loto, hunde sus raíces en el barro. La vida espiritual no va solamente de ser siempre agradable y no meterse en líos. Sin embargo, cuando miramos a nuestras vidas, podemos ver cómo, en gran manera, nuestro modo de vivir y relacionarnos se basa fundamentalmente en ese motivo.

La consciencia del karma es  base de la compasión de diferentes maneras. Brinda un sentido de compasión tanto al “villano” como a la “víctima”. Ayuda a comprender el comportamiento aparentemente extraño de los demás, y favorece una  valoración  “metanivel” que, incluso cuando uno no puede comprenderla del todo, sin embargo, entiende que habrá razones que uno no es capaz de ver. Cuando se mira así, resulta mucho más difícil culpar y condenar. Del mismo modo, uno no se deja engañar por soluciones simplistas, ya sea en la vida personal o en los problemas del mundo. El sentimiento de compañerismo aumenta. Todos estamos en este lío que es samsara y es aquí donde tenemos que vivir una vida noble. Cuando vayamos a la Tierra Pura podemos tener menos obstáculos y podríamos cogerle el tranquillo más rápidamente, pero incluso tal “saber hacer” necesitará ponerse a prueba retornando al mundo material.

Por lo tanto el significado tiene que ver con una invitación a sentir cierta gratitud por los problemas, dificultades y complejidades que nos encontramos que son como los de todos los seres sintientes. De esta forma crecemos. Tratamos de mantener los preceptos y, en el proceso, adquirimos sabiduría. Estas son fases en el desarrollo de la fe. El obstáculo kármico es como una densa nube. Pero incluso la nube más densa no llega a oscurecer el sol por completo.

 

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Replies to This Discussion

Gracias, de nuevo, Dharmavidya por este artículo. Me parece tan realista…Reconozco esa tendencia de querer ser siempre agradable y no meterme en líos. Hay algo muy superficial en todo eso que tiene que ver con samudaya. Es como si uno tratara de esquivar “el jugo de la vida” y eso es imposible. Siempre hay una geisha esperando  por nosotros en la orilla:)

Gracias a los problemas, líos y errores recuerdo mi naturaleza humana, mi condición bombu, y eso me ayuda a acercarme a los demás. Uno se esfuerza mucho por “hacerlo bien” y se equivoca y , con suerte, aprende algo más de su condición humana. Eso ablanda el corazón.

Gracias, Nati. Buen trabajo traducir este largo articulo! Un abrazo.

De nada, David. Gracias a ti por ayudarme a aprender.

Namo amida Bu

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