Publicado por David Brazier el 10 de noviembre de 2018 a las 13:17

En el ámbito del budismo socialmente comprometido, hay ciertos problemas  sobre los que generalmente no se ha reflexionado con suficiente cuidado. Ha habido una tendencia a importar al budismo ideas que le son ajenas en lugar de perseguir sus verdaderos principios hasta alcanzar su conclusión lógica. Esto puede suceder ya sea porque las personas ya están comprometidas con  valores derivados de una sociedad no budista o porque, al tratar de convertirse en buenos budistas, las personas pueden sufrir cierta aprensión a la hora de actuar en el mundo real.

 

Uno de estos problemas surge tan pronto como comenzamos a considerar lo que en el mundo moderno se conoce como injusticia social. La justicia es un término legalista que lleva el conflicto incorporado. Como tal, no puede encajar bien con los principios budistas generales.

 

Si bien los budistas  socialmente comprometidos pueden estar involucrados en los tipos de problemas indicados por este término, la manera en que una persona fiel a las fuentes textuales budistas interpretaría la situación será claramente diferente de la de un modernista progresista o reformista.

 

Esto se hace  evidente al enfrentar el hecho de que "injusticia social" no es un término que aparezca en ninguna parte del canon budista e, incluso la idea de justicia en sí misma no es realmente fundamental para el budismo, como lo es para los principales monoteísmos. . El budismo trata los fenómenos referidos de una manera diferente.

 

En lo que podríamos llamar sociedades post-monoteístas, el pensamiento social aún lleva con fuerza la marca que deja  la creencia de que al final de la vida uno comparecerá ante un tribunal en el que tendrá que defenderse y salir justificado bajo amenaza de condena eterna. Esta creencia ha dejado una marca y esa marca es un supuesto profundo en la cultura de que la justicia es de primordial importancia. Desde luego, se podría seguir debatiendo de forma  interminable e irresoluble sobre cuál podría ser la naturaleza de esa justicia.

 

El budismo, por otro lado, no cree en semejante tribunal. Más bien confía en que el karma resuelva las cosas de una manera impersonal. Justificarse uno mismo no forma parte de ello. Simplemente, las acciones intencionadas tienen las consecuencias apropiadas. Esta divergencia genera una diferencia radical de tono y de asunciones sociales.

 

Un tribunal de justicia, debemos señalar, es, esencialmente, un escenario de conflicto y disputa en el que la defensa y el procesamiento participan en el combate. Si luego vemos a la sociedad en su conjunto como tal escenario, se convierte en un lugar donde la gente lucha por su concepto de justicia, lo que también significa por sus derechos.

 

Desde una perspectiva budista, tales derechos son ficciones. La sociedad no se remedia por tales medios. Según el concepto budista, los pobres deben ser asistidos por compasión y sentimientos de compañerismo, en lugar de porque tienen derecho a ciertos privilegios. Esto significa que el espíritu de acción social no es básicamente el de condenar a los que se consideran opresores, sino más bien de buscar medios hábiles para transformar la situación sin exacerbar el conflicto más de lo que es inevitable. Para decirlo de otra manera, el enfoque budista no es el de decir " tales personas son malas y deben ser derrocadas", sino más bien decir que “tal  cambio sería beneficioso, así que busquemos medios hábiles para lograrlo".

 

En la práctica, los medios hábiles son a menudo subversivos. En cuestiones sociopolíticas, el cambio a menudo no se produce mediante una planificación racional positiva. Tendemos a poner demasiada fe en el poder de los líderes y la eficacia de la racionalidad. Creemos que si las personas tienen la información correcta, inevitablemente tomarán las decisiones correctas. Esto a menudo no es el caso, incluso en las decisiones que tomamos nosotros mismos.

 

La teoría budista dice que todo depende de las condiciones. Uno podría pensar que la situación X sería mejor que la situación actual, Y, pero si las condiciones que han creado y apoyan a Y no cambian, no ocurrirá nada, no importa cuánto se sepa sobre X en abstracto

.

Vemos esto bien ilustrado en la acción sobre el cambio climático. Cuando los cambios realmente comienzan a afectar, las personas hacen cosas, a menudo muy pocas y demasiado tarde. Los científicos nos han estado alertando de los hechos durante muchos años, pero no actuamos colectivamente hasta que algo nos duele

 

El activista social efectivo por tanto, trabaja con las condiciones y esto a menudo requiere inteligencia sutil y cierto grado de subterfugio. El comercio de esclavos en el Atlántico es un ejemplo clásico. Fracasaron los repetidos intentos de lograr que el parlamento británico declarase ilegal este comercio. Luego vino la guerra entre Gran Bretaña y Francia y Estados Unidos apoyó a Francia. La mayoría de los barcos de esclavos navegaron bajo la bandera estadounidense. El movimiento antiesclavista persuadió a un miembro que no pertenecía a su partido a presentar un proyecto de ley que modificó la ley, de modo que los barcos piratas que atacaban a los barcos que enarbolaban la bandera de los Estados Unidos no pudieran ser procesados ​​en Gran Bretaña. Como muchos de los piratas eran británicos, esto, en efecto, significaba que podían atacar a los barcos de esclavos con impunidad. El resultado fue que el grado de riesgo para los traficantes de esclavos se hizo mucho mayor y el comercio llegó a su fin, ya no era rentable. Así, la trata de esclavos en el Atlántico cesó.

 

De este ejemplo, vemos que si quieres que algo cese, tienes que cambiar las condiciones que respaldan su continuidad. Lo contrario también es cierto. Si deseas que algo comience, primero debes alentar el establecimiento de condiciones que lo favorezcan. Por ejemplo, si quieres que  vayan menos vacas a los mataderos, entonces es necesario que haya más platos sabrosos veganos  disponibles en los supermercados. Hacer de piquete en los mataderos probablemente no te llevarán a ningún lado.

 

Cuando leo debates sobre temas sociales en Internet, veo que se dedica demasiado tiempo a los ataques personales contra aquellos que se consideran representantes de la causa que, los que escriben, quieren minar. La mayor parte de esto es energía desperdiciada y sólo sirve para atrincherar al enemigo y polarizar la opinión. Una actitud de “buenos contra malos “es  rara vez  útil y, a menudo, contraproducente. El budismo no denuncia. Busca formas de crear condiciones propicias. Tiene fe en el largo plazo y en trabajar por un efecto beneficioso. Crea islas de cordura en medio del caos y confía en que su influencia pueda extenderse. Da un ejemplo sano y demuestra posibilidades preferibles.

 

Todo esto viene de una diferencia en el estilo del análisis subyacente. Todos los seres están en un camino hacia la liberación, por mucho tiempo que lleve, pero  también todos están limitados por las condiciones kármicas. Esto es tan cierto para el opresor como para el oprimido y, de hecho, todos participamos de estos dos roles en diversos grados. Por lo tanto, incluso el bien intencionado ciudadano de mentalidad progresista del primer mundo  sigue siendo una de las élites más ricas del planeta y parte de un sistema de estado de naciones que excluye a millones. ¿Qué debería hacer él o ella? ¿Ir y vivir en la pobreza en una parte del mundo menos dotada? Probablemente esto no servirá de mucho excepto para educar al individuo. Sin embargo, incluso eso puede ser beneficioso. No es fácil saber qué se debe hacer con la propia vida, pero cualquier cosa que contribuya a una ampliación de la perspectiva probablemente sea beneficiosa.

 

El tema es muy amplio y no puedo cubrir todos los aspectos en un solo artículo, así que permíteme elegir algunos principios. 


- Evita tener figuras de odio. 
- Estudia las situaciones cuidadosamente y aprecia su complejidad. 
- Aprecia la ironía intrínseca de los desarrollos mundanos. 
- considera otras perspectivas que no sean las que están fácilmente disponibles (considera cómo se ve el mundo desde Moscú, Buenos Aires, Ereván... así como desde Londres, París o Nueva York). 
- estudia las condiciones que apoyan el status quo y aprecia qué valor tienen o han tenido; Estudia también las condiciones que ya están provocando el cambio, ya sea para bien o para mal.
- No te dejes engañar por una apariencia superficial o una retórica trivial, incluso cuando sea pronunciada por las partes que tú apruebes. De manera similar, ten en cuenta el sesgo y la selectividad en los medios de comunicación (¿por qué, por ejemplo, la prensa occidental dio una cobertura masiva del asedio de Alepo pero prácticamente ninguna sobre el de Raqqa?) 
- evita el idealismo vacío. Si quieres mejorar el mundo real, tienes que llegar a un acuerdo con la política real. 
- Ten en cuenta que incluso en situaciones injustas, se deben tomar decisiones reales y huir por medio de una fantasía idealista no ayudará. 
- trata de elevarte por encima de la refriega, pero no tanto que ya no puedas actuar. 
- No te lo tomes de forma personal 
- actúa según tu mejor entendimiento, al mismo tiempo sabiendo que podrías estar equivocado. Nunca seas demasiado orgulloso como para dejar de considerar la otra perspectiva.

 

Finalmente, nunca dejes de aprender. Todos somos  mortales necios influidos por la pasión, pero, sobre esta misma base de  apreciar  nuestras propias limitaciones, podemos respetarnos unos a otros, aun siendo tan diferentes.

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