Negatividad: La importancia del pensamiento secundario

Publicado por David Brazier el 17 de marzo de 2018 en “Discusiones budistas”
Los pensamientos y sentimientos negativos son un calvario para la vida humana. Son la contrapartida del gran don que es la imaginación. Una persona me insulta de alguna manera y me altero con emociones indeseadas. Pensamientos de venganza, o amargura, o culpa, o muchos otros propósitos no edificantes zumban a mi alrededor como una nube de mosquitos que buscan la sangre. En ese momento, incluso recordando un propósito mayor como buena persona espiritual, uno encuentra que no puede desterrarlos a voluntad. Tal vez cuando la atención de la mente se dirija hacia algo importante, desaparezcan temporalmente, pero tan pronto como la mente vuelva a un estado neutral, allí están otra vez. Así que, aunque una buena primera línea de defensa contra tales pensamientos es dirigir con fuerza la mente hacia otro asunto más saludable, esto no constituye una solución definitiva.

Para muchas personas, la plaga de pensamientos negativos supone una lucha continua. Bien sucumben a una amargura de carácter o alternan entre la entretenida crítica, la envidia, el resentimiento, la avaricia, etc., y se sienten culpables al hacerlo, creyendo que la presencia de tal negatividad los señala como una mala persona. Esta alternancia puede generar confusión y ansiedad y provocar una lucha interna que, pretendiendo restaurar el amor propio, nunca puede tener éxito por completo y solo se manifiesta como más engaño o proyección de maldad en los demás. Por lo tanto, se establece un círculo vicioso que puede ser una verdadera tortura.

La fe y la práctica budistas tienden a reducir este problema. Con el paso de los años se pueden desarrollar hábitos mentales, y si la mente se vuelve una y otra vez hacia cosas positivas, uno tiende, cada vez más, a ver lo bueno en los demás y no el daño. Esto, quizás, hace que uno sea menos efectivo como combatiente social, pero contribuye a una vida más feliz.

Sin embargo, en este proceso resulta muy útil, en relación con las pensamientos y sentimientos propios, ir adquiriendo gradualmente la convicción de que "Este no soy yo, esto no es mío, no soy yo". En otras palabras, cuando uno se identifica menos con lo que sucede en su mente, es menos probable que multiplique el problema añadiendo culpa a uno mismo y rencor hacia los demás por lo que está sucediendo.

Podemos llamar a esto el asunto del pensamiento secundario. El pensamiento principal podría ser, para citar al Dhammapada: "Me lastimó, abusó de mí, me golpeó, me robó", pero ¿cuál es el pensamiento secundario? El pensamiento secundario podría ser "Soy una mala persona por tener este tipo de pensamiento primario", o bien, el pensamiento secundario podría ser "Mi mente está produciendo estos pensamientos para tratar de protegerme. Quiere ensayar respuestas posibles por si fuera atacado de manera similar nuevamente. "En el primer tipo de pensamiento secundario, uno se identifica con la mente y, por lo tanto, con la negatividad y esto termina empeorando las cosas. Luego se busca suprimir u ocultar la amargura, pero este es un procedimiento contraproducente que agrega nueva energía a lo que ya es malo. Sin embargo, en el segundo tipo de pensamiento secundario, uno no se identifica con la propia mente, sino que la considera como un órgano impersonal que está haciendo su trabajo, tal como uno podría pensar de sus pulmones o del hígado. Esta forma de pensar tiende a un desvanecimiento gradual de los pensamientos primarios más que a su multiplicación. También nos da la posibilidad de tener mejor humor. Podemos aceptar, consciente o inconscientemente, que la mente seguirá quejándose durante un rato, pero uno puede pensar: "Y mientras lo haga, recitaré el nembutsu" o se ocupará en alguna otra actividad que valga la pena.

De esta forma, uno "deja que la mente se desvanezca" en el sentido de no identificarse. Esto hace posible que uno sea amistoso con la mente y con el otro. Podemos ser respetuosos o tolerantes sin caer en la identificación. Tal identificación es el "orgullo y engaño", objetivo de gran parte de la enseñanza de Shakyamuni.

Cuando consideramos los pensamientos primarios y secundarios de esta manera, podemos comprender el significado de los textos que dicen: "Cuando el practicante tiene un pensamiento odioso, sabe que hay un pensamiento odioso", y cuando no hay pensamiento odioso, él sabe, "no hay pensamiento odioso", y sabe lo que lleva al surgimiento de tal pensamiento y sabe lo que conduce a la disminución y a la desaparición de tal pensamiento”.

Esto es todo un consejo práctico útil. La enseñanza de Buda incluye multitud de buenos consejos prácticos y nos puede proporcionar una vida más fácil. Sin embargo, incluso si seguimos atormentados por nuestro enjambre de mosquitos autogenerados, Buda nos seguirá amando y aceptando tal como somos, porque ha permitido que su propio cuerpo y mente se desvanezcan y no se toma nuestra negatividad de forma personal. Por lo tanto, siempre podemos recurrir a los Budas, sin importar qué cosas maliciosas pueda parecer que nuestra mente está haciendo, y allí siempre encontramos un refugio perfecto, sea lo que sea por lo que nuestro cuerpo y mente estén atravesando en ese momento.

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